Bernardino
 
El famoso BERNARDO, hombre de bien, según los que lo conocieron y trataron y al que la fatalidad convirtió en delincuente “legal” y en “prófugo de la Justicia”. Al parecer, todo empezó cuando estaba cumpliendo el servicio militar fuera de Galicia y recibió carta de la familia en la que le comunicaban  que su madre estaba gravemente enferma y le quedaban pocos días de vida. Pidió permiso para venir a verla y le fue denegado, por lo que decidió abandonar el cuartel con la esperanza de encontrarla viva. Posiblemente desconocía la trascendencia de su proceder; el caso es que fue declarado prófugo y antes de incorporarse de nuevo a su destino, debió de ser detenido por la Guardia Civil, fue Juzgado por un Tribunal Militar y condenado a pena muy grave, que cumplía, al parecer, en el Penal de Santoña. Alguna habilidad innata debía tener, según evidencian otras anécdotas de su vida; el hecho cierto es que logró evadirse del Penal, regresó a su tierra de origen y en ella vivió oculto el resto de sus días, acosado por la Guardia Civil, pero protegido y amparado por sus convecinos, que conocían sus andanzas, y nunca lo denunciaron ni descubrieron salvo en algún caso excepcional. Había contra él orden de “busca y captura” a nivel nacional, de lo que tuvieron constancia vecinos de Abeleda que se trasladaron a Burgos, por razones de trabajo, y al tener contacto con la Guardia Civil y conocer ésta su lugar de procedencia, les preguntaron por BERNARDO, al que relacionaron con el nombre del pueblo. Su vida en la comarca era rutinaria. Al anochecer, solía acercarse a casa de vecinos amigos, o de sus familiares,  y con ellos comía la taza de caldo que le ofrecían. Pasaría las noches en alguna “casarella” de las viñas, o en algún “sequeiro”, si estaban cerrados, con la complicidad de los dueños, porque era tenido por hombre bueno, que no hacía daño a nadie. El presente relato tiene relación directa con este tramo de camino, pues BERNARDO llevaba algún tiempo refugiado en el “Lagar do Couto”, situado en esta zona, propiedad de la familia Taboada, dueña del Pazo do Couto, en Sampayo, y con su consentimiento. Parece ser que otra familia, de la misma Parroquia, enemistada con la primera, puso el hecho en conocimiento de la Guardia Civil, con la intención de complicar a Los Taboada. Una noche se presenta una pareja en la puerta del “Lagar do Couto”, segura de que las fugas de BERNARDO se habían acabado; pero él no se da por vencido y, al percatarse de su presencia, bien porque intentasen forzar la puerta o porque lo intimasen a rendirse, emprendió una carrera desde la puerta hasta la parte posterior en la que existe una ventana y desde ella arrojó una piedra que tenía preparada, simulando así el salto de una persona y su posterior carrera, con lo cual, la Guardia Civil, convencida de que BERNARDO había huido por la parte posterior, trató de localizarlo viñas abajo; y cuando él comprobó, desde el interior, que se habían alejado bastante, salió tranquilo por la puerta y se puso a salvo subiendo hacia la parte alta de Castagayo, desde donde dominaba perfectamente la situación, en el supuesto de que intentasen perseguirlo.
 
   
 
   
   

 

 
   
   
   
   
   
 

Texto de D. Carlos González Costoya

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