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En aquellos tiempos era frecuente que los coches de transporte colectivo dispusiesen de algún tipo de asientos en la parte alta, al exterior, cuando la gente que tenían que transportar no disponía de plaza en el interior. Era frecuente que O PARROMAO pidiese el transporte gratis con estas o parecidas palabras: “Ay señor Victorino, eu non pago, porque vou no alto, e non gasto gasolina”. O bien ofrecía su trabajo y colaboración a cambio del transporte gratuito: “EU CA-CAGO E RECAGO” (Yo cargo y descargo). Cuentan de este hombre otras muchas anécdotas curiosas, por ejemplo: Un día del mes de agosto llega a Lumeares, a la hora de comer, cuando los dueños de la casa y un grupo de vecinos venían de una finca, “da arrinca das patacas”. Lo invitan a comer con el compromiso, que él acepta, de acompañarlos después a trabajar a la finca. Cuando llegan a ella, por la tarde, le entregan la azada para que empiece a trabajar, según su promesa. La operación era muy sencilla y O PARROMAO la había ejecutado muchas veces o, por lo menos, la había visto ejecutar. Consistía en clavar la azada en la tierra en las proximidades de la rama y al levantarla se descubrían las patatas, repitiendo la operación las veces necesarias hasta desenterrar las nacidas de cada pie correspondientes a la cosecha del año. La experiencia aconsejaba el punto en que debía clavarse la azada de forma que no se dañasen las patatas enterradas; pero aún así era posible que algunas fuesen alcanzadas y “encetadas”, las cuales no se conservaban mucho tiempo y habían de consumirse en los días inmediatos, por personas o por animales. Esa era la faena de “arrinca” que tenía que realizar O PARROMAO, en el lugar o “rego” que le señalan. El primer intento resulta desastroso, pues clava la azada en el centro mismo de la planta, con el resultado de que cuatro o cinco de las mejores patatas resultan “encetadas”. Lo corrigen y le muestran cómo debe actuar para que la “arrinca” sea perfecta; pero todo es inútil. Siguen discusiones y amenazas, hasta que O PARROMAO sale de la finca y cuando ya está fuera del alcance de sus compañeros de trabajo, les grita: “¿sabedes qué teño pensado? Arrincainas vos, que sabedes onde están, porque as sementastes”.
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