En este pueblo como otros muchos de Galicia, también tuvo sus días de tragedia. Este hecho narrado por un vecino de Abeleda, tuvo lugar allá por el año 1945.
José el desafortunado protagonista de la historia, apodado “O Inverno”, sufriera unas semanas antes de su asesinato, un robo en su casa, situada en el barrio de A Nogueira. No era un hombre adinerado, pero para la época en la que se sitúa el hecho tenía bastantes medios económicos, poseía bastantes tierras que fuera comprando a los vecinos de esta aldea. Como normalmente se suele hacer cuando sucede algo similar, fue a denunciarlo a la casa cuartel de la Guardia Civil de Castro Caldelas, que tras recibir dicha denuncia se presentaron en la casa de “ O Inverno” para investigar el robo y tomar declaraciones del afectado, el cual por indicios y por la situación del caso, le dijo a la pareja de Guardia Civiles que sospechaba de un vecino suyo que vivía a un par de metros de su casa.
Este vecino se llamaba Eladio, nació en Abeleda, el padre de este era asturiano y la madre de un pueblo cercano llamado Susaos. Al conocer la noticia de que “O Inverno” le había acusado del robo y tras quedar en libertad por la Guardia Civil ya que no tenían pruebas suficientes de que este fuera el autor del robo, decidió tomar la justicia por su cuenta. Dejó pasar unos días, y buscó el lugar algo alejado del pueblo para cometer el crimen.
Tras pasar unos días como he comentado antes, “O Inverno” una mañana se fue a trabajar sus tierras, las estaba trabajando para sementar trigo. Parece ser que Eladio venía de terminar su jornal, de repente se encontró con José “O Inverno”, y sin pensarlo dos veces se acercó por detrás con su hacha y le pegó un hachazo en la cabeza, desgarrándole parte de la oreja y de la cabeza. Después siguió todo tranquilo hacia su casa. Por el contrario su víctima quedó mal herido y pudo arrastrarse unos 500 metros hacia la que hoy es la carretera que une Monforte de Lemos y Castro Caldelas, donde si sitúa hoy la “Adega Cachín”. Allí fue socorrido por vecinos que lo vieron llegar moribundo pero solo le entendían –“Foi o dos guardias”, “Foi o dos guardias”-. Al decir esto se desvaneció y falleció.